Se detectan casos en los que los particulares declararon que los créditos del banco se destinarían a cubrir la operación y otros en los que las acciones se fijaron como garantía.
Popular reconoció en abril que concedió crédito a clientes para comprar acciones en la última ampliación de hace un año. Desde que el banco anunció su tercera ampliación de capital en los últimos cinco años, los títulos se han hundido a mínimos históricos y han perdido un 86%.
La auditoría interna realizada por el equipo de Emilio Saracho ha detectado que el banco captó 221 millones de euros de clientes a los que financió para acudir a esta operación. Es decir, Popular cubrió casi el 9% de los 2.505 millones que logró del mercado para intentar limpiar su balance. PwC aún tiene que validar esta cifra final, que se elevó levemente respecto a la comunicada inicialmente.
El equipo de Ángel Ron había negado que Popular concediera créditos a clientes para lograr cerrar con éxito su tercera ampliación en los últimos cinco años. El mismo día que Saracho desvelaba esta práctica, tras un reajuste de más de 600 millones de euros en las cuentas de 2016, el último consejero delegado nombrado por Ron, Pedro Larena, presentaba su dimisión alegando motivos personales.
Saracho realizó este análisis sobre 8.000 clientes apenas mes y medio después de desembarcar en la entidad. La auditoría encontró que en 17 contratos con clientes se declaraba de forma expresa que la compra de acciones era el propósito de dicha financiación.
Además, tres préstamos tenían los propios títulos del banco como garantía, mientras que fuentes del sector subrayan que algunos clientes avalaron estos créditos con avales personales.
Por esta razón, los expertos advierten de que la financiación a clientes para acudir a la ampliación puede elevar las necesidades de provisiones del banco.
La acción se ha desplomado en el último año y cerró en 0,338 euros la sesión de este lunes, por lo que estos préstamos representan un riesgo alto de impago para la entidad, según los expertos.