Casi por primera vez desde el inicio de la Gran Recesión, la Unión Europea (UE) está creciendo económicamente más que Estados Unidos. El viejo continente está pasando de una democracia en recesión a otra que prospera, aunque sea de forma muy lenta y en muchos casos de modo meramente macroeconómico. En ella se manifiesta la herencia de la crisis, en forma de enormes déficit sociales, que se han ha generado en la última década en muchos países, en forma de paro, empobrecimiento, reducción de la protección social y, sobre todo, mucha precariedad. Para arreglar estos déficit habrá que solucionar un problema político que ya no es sólo la crisis de representación (emergencia de partidos a los dos extremos del aspecto ideológico), sino el buen gobierno (la eficacia de las políticas).

Seguir leyendo.