La boina de contaminación atmosférica que tapa las grandes urbes no decrece. Hace menos de un mes, un informe presentado por Greenpeace suspendía en calidad del aire a Madrid y cifraba sus niveles de dióxido de nitrógeno (NO2, uno de los principales contaminantes causados por el tráfico) por encima de lo que marca Bruselas y la OMS. Al problema, relacionado con enfermedades respiratorias y cardiovasculares, se le atribuyen unas 30.000 muertes al año en España, según la Agencia Europea de Medio Ambiente. Pero cada ciudadano puede poner su granito de arena para paliar esta amenaza sanitaria y ambiental. ¿Cómo contribuir a disiparla? La mejor manera, coinciden los expertos, es revisar unos cuántos hábitos cotidianos.