Un miércoles a las seis de la madrugada dos trenes partían de las estaciones de Atocha y Sants. El primero, rumbo a Barcelona. El segundo, hacia Madrid. Y por primera vez, en la pantalla de un vagón que cubría ese recorrido lucía una velocidad que llegaba a los 300 kilómetros por hora. Ese día, hoy hace diez años, las dos principales ciudades de España quedaban conectadas por la alta velocidad. En una década, el AVE se ha convertido en el medio de transporte preferido para cubrir los 649 kilómetros que separan Madrid y Barcelona, por delante del puente aéreo.