“La polémica ha crecido tanto que es como si hubiera cometido un crimen de guerra”. Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo y ministro socialdemócrata holandés de Finanzas en funciones, ha intentado matizar así al rotativo patrio De Volkskrant, sus polémicas declaraciones efectuadas a mediados de marzo al diario germano Frankfurter Allgemeine Zeitung. Al final de un pasaje dedicado a las obligaciones económicas de los países del Sur de Europa, dio entonces la sensación de mezclar deuda y vida disipada. “No puedo gastarme el dinero el licor y mujeres y después pedir ayuda”, señaló. Aunque ahora apunta que el cansancio pudo jugarle una mala pasada tras las elecciones generales del 15 de marzo en su tierra, “y seguramente lo habría formulado de otro modo, fue mi manera de decir que la solidaridad no es caridad”.