Para encontrarse la paradoja, ni siquiera es necesario salir de la playa, situada en la paradisiaca desembocadura del Guadalquivir. La zona de palcos VIP, en alto y separada por una valla metálica de casi dos metros de altura, se sitúa a escasos 50 metros de donde Roldán y su familia plantaron a las 3 de la tarde con sombrillas y bocadillos para seguir una competición que arranca al atardecer. Son las dos caras del costumbrismo maniqueo en el que vive Sanlúcar de Barrameda —codiciado destino vacacional desde finales del siglo XIX para apellidos nobles e ilustres— desde que la crisis la abocó a liderar las clasificaciones de pobreza y desempleo. Según la estadística de indicadores urbanos publicado en junio por INE (con datos de 2014), la renta media de las familias sanluqueñas es 17.222 euros, bien lejos de los 73.014 euros, de Pozuelo de Alarcón, el municipio más rico de España. Es también, según informes del mismo instituto, la segunda ciudad con más paro del país: de sus 67.620 habitantes, el 37,85% está en paro.