“Cuando el Banco Central Europeo mira hacia la eurozona, ve una fiesta en la que la gente se lo está pasando bien. La celebración aún no ha terminado, pero podría hacerlo si el anfitrión, Mario Draghi, comenzara a retirar las bebidas. Incluso le resultaría práctico, porque su nevera está empezando a quedarse vacía. Pero, ¿cómo decírselo a los invitados? Y, sobre todo, ¿cómo hacerlo sin parecer un aguafiestas?”. Esta escena descrita por el economista de ING Bert Colijn es, obviamente, imaginaria; pero refleja de forma bastante acertada el reto al que se enfrenta el presidente del BCE en las próximas semanas.