“Los problemas económicos son los más fáciles de resolver: solo requieren dinero”. La prueba de que Woody Allen estaba equivocado con esa frase es que los mayores bancos centrales del mundo han inyectado billones de euros en los últimos años con programas masivos de compra de activos (conocidos como QE, siglas inglesas de quantitative easing) y la Gran Recesión sigue ahí, plagada de riesgos económicos y en plena metamorfosis por las incertidumbres políticas. El BCE llegó tarde a los estímulos monetarios. Pero anunció la tercera ampliación del programa europeo: Draghi inyectará 540.000 millones adicionales en la eurozona ante la acumulación de líos, que van desde la economía griega hasta la banca italiana, pasando por la retahíla de elecciones que se avecinan —Holanda, Francia, Alemania—, que a juicio del banquero central tienen potencial para generar problemas de otra índole.