La economía europea va como un tiro: crece al mayor ritmo en 12 años. Pero la inflación no termina de recuperarse. Y el BCE advirtió ayer de una fuente de incertidumbre: el jefe del Eurobanco, Mario Draghi, alertó de los efectos negativos de la revalorización del euro, que achaca a las declaraciones de las altas esferas en Washington, y en particular al nuevo secretario del Tesoro de EE UU, Steven Mnuchin. Draghi hizo todavía para contener la sangría que supone la revalorización del euro: menos exportaciones, más dificultades para crecer y, sobre todo, condiciones financieras y monetarias más duras. Aseguró que no habrá subidas de tipos de interés al menos hasta 2019. Sugirió que el final de las compras de bonos (el QE, por sus siglas en inglés) será gradual. Y aun así el euro siguió subiendo y superó los 1,25 dólares por unidad por primera vez desde diciembre de 2014, con un aumento diario del 0,7% (excepcional para el mercado de tipo de cambio).