En los escasos 15 meses que le quedan al frente del Banco Central Europeo (BCE), Draghi tiene una agenda delicadísima por delante. No solo necesita ir con pies de plomo para desandar el camino que emprendió cuando, para hacer frente a la crisis, recurrió a herramientas que ningún banquero central había usado en Europa antes. Tiene, además, que graduar el fin de esas medidas extraordinarias —tipos de interés por los suelos y compras milmillonarias de activos con los que inundar de liquidez la economía— con un ojo puesto en la recuperación y otro en la inflación. Y en medio de este lío, la amenaza proteccionista que sopla desde EE UU supone un riesgo mayúsculo.