¿Mejora realmente la situación de la eurozona? La respuesta del BCE es sencillamente genial: sí, no, quizá. Los mercados escrutan cada palabra de Mario Draghi, el jefe del Banco Central Europeo, como si se tratara del mismísimo oráculo de Delfos. Y Draghi se cuidó mucho este jueves de mostrar nada más que un optimismo muy precavido para justificar que prefiere dejar su activismo tal y como está. “Las cosas están mejor”, dijo el italiano, consciente de que pisa terreno pantanoso porque la recuperación se asienta —y los halcones de su consejo están cada vez más incómodos con sus medidas extraordinarias—, pero necesita mantener el tono agresivo de la política monetaria por las incertidumbres políticas europeas y del exterior. En Fráncfort hay dos escuelas de pensamiento: Draghi y los suyos creen que hay que mantener el pie en el acelerador de la política monetaria; el alemán Jens Weidmann y los más ortodoxos piensan que sería mejor ir pensando en frenar. De momento, se impone Draghi. De momento