El origen de la moneda virtual fue el bitcoin. No importa cuántos intentos previos o iniciativas hayan coexistido o acaben surgiendo. Tampoco será lo más importante si la historia del bitcoin es breve —ya son muchos augurios fallidos sobre su caída— o perdura. Sus límites cuantitativos están marcados por su propia configuración —como señalaba este mismo diario anteayer— pero su influencia y las derivaciones cuasi filosóficas de su uso ya han arraigado profundamente. Este verano está siendo el del bitcoin porque su cotización se ha disparado y porque se ha desdoblado para dar cabida a otro registro paralelo (bitcoin cash).

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