En noviembre de 2014, el BCE lanzó su programa de compras de deuda ante las dificultades para conseguir que la inflación y la actividad repuntasen. Pero esta iniciativa se destinó, sobre todo, a deuda pública. Las adquisiciones de deuda empresarial comenzaron el 8 de junio de 2016 con el fin de brindar más potencia a la expansión monetaria. Pero debido a las restricciones legales que tiene el eurobanco, estas solo podían dirigirse a empresas muy seguras en el grado de inversión. O sea, las grandes. Además, el BCE no desvelaba a qué emisiones acudiría. Enseguida, surgieron las objeciones: “Solo se benefician multinacionales sin problemas para financiarse, ¿dónde están las pymes?”, argumentaron las voces críticas.