El BCE alerta de la debilidad en la concesión de crédito bancario

Los préstamos a las empresas y a las familias crecen menos de lo esperado teniendo en cuenta las bajadas de los tipos.

No despierta al ritmo esperado. El crédito bancario en la zona euro sigue dormido pese a las rebajas de los tipos de interés acometidas por el Banco Central Europeo (BCE) a lo largo del último año, que han llevado el precio del dinero del récord del 4% hasta el 2% actual.

El volumen de préstamos concedidos a las empresas apenas asciende a un ritmo del 3% interanual, mientras que los créditos a las familias reducen incluso ese incremento hasta el 2%, según los últimos datos del BCE a cierre de agosto. Philip Lane, el economista jefe de la autoridad monetaria, puso el foco en estas dinámicas esta misma semana y señaló que reflejan que «el crédito parece ser débil si se evalúa en relación con ciclos monetarios pasados».

La concesión de crédito a las empresas y las familias es una de las vías más importantes para la transmisión de la política monetaria de un BCE que es consciente de que, hasta la fecha, no toda la flexibilización del precio del dinero que ha anunciado se ha trasladado a la economía.

Lane asegura que existen algunos elementos estructurales que afectan a la concesión de crédito y que la institución con sede en Fráncfort debe tener en cuenta, como el envejecimiento de la población o una mayor predisposición al consumo de servicios que no se financian frente a la compra de bienes.

Sin embargo, los expertos del banco central aseguran que existe evidencia suficiente como para concluir que «estos cambios estructurales importan menos para la zona del euro que para otras economías, lo que deja los efectos del ciclo de ajuste anterior como una importante explicación candidata para la persistente debilidad del crédito que se observa hoy».

Agresiva subida de tipos

La subida de los tipos de interés realizada entre 2022 y 2023 fue vertiginosa y potente -con el precio del dinero pasando del -0,5% al 4% en pocos movimientos-. A ello se le suma el hecho de que las entidades bancarias ya no piensan que se va a volver a los niveles de tasas negativas que se vivieron en la última década, lo que lleva a que los nuevos créditos que se conceden tengan tipos de interés todavía muy por encima de los de las deudas que poco a poco van alcanzando su madurez.

Junto con estas dinámicas, que deberían corregirse con el tiempo, el BCE apunta a que la mayor percepción del riesgo y los mayores costes de financiación bancaria, junto con la disminución del exceso de liquidez, han influido también en la debilidad crediticia, que puede llegar a maniatar a la economía de la zona euro.

Además, el economista jefe de la autoridad monetaria reconoce que «la presión de los requisitos supervisores y regulatorios para mantener balances sólidos en un contexto de creciente incertidumbre, junto con el objetivo de apoyar la estabilidad financiera», han contribuido a mantener las condiciones crediticias restrictivas a lo largo del ciclo.

Los últimos shocks geopolíticos tampoco han ayudado a destapar el tarro del crédito bancario como hubiera esperado el banco central en un año de fuertes rebajas de los tipos de interés.

La percepción de que las tensiones con Rusia pueden elevarse o la reciente guerra comercial con Estados Unidos han dejado huella tanto en los consumidores y empresas, que mantienen controlados sus gastos, como en las entidades bancarias, que endurecen las condiciones de la concesión de préstamos a sectores que puedan verse afectados.

«Si la incertidumbre debilita la transmisión monetaria, esto implica que se requiere una intervención más contundente para alcanzar un objetivo de política monetaria determinado», indicó Lane, aportando su granito de arena al debate de si el BCE debería volver a bajar los tipos de interés en este ciclo.

Pese a ello, el economista jefe opta por la cautela y señaló que «los responsables de la política monetaria deben encontrar un equilibrio entre los incentivos para actuar con mayor contundencia y los incentivos para esperar a ver si un pico de incertidumbre se autocorrige oportunamente».

Financiación no bancaria

Una de las grandes expectativas europeas con la modernización de los mercados de capitales era conseguir un despegue de la financiación privada que permitiese diversificar las vías para recibir recursos.

Sin embargo, y a pesar del creciente volumen de este tipo de deuda, su peso ha sido incapaz de reemplazar el descenso del volumen de créditos del sector bancario. La sustitución no ha sido perfecta y puede amenazar con que parte de la economía europea quede infrafinanciada si la demanda vuelve a repuntar, pero la oferta se mantiene atascada.

Esto se debe, en parte, a que los hogares no reciben este tipo de financiación alternativa que ahora se ha impulsado y siguen dependiendo de la banca para conseguir recursos de terceros.

Estos argumentos apoyan el discurso de las entidades bancarias que, en este entorno de dificultades geopolíticas y fuertes necesidades de inversión para la economía europea, solicitan un alivio de los requerimientos regulatorios que les permita propulsar el crédito.

Según ha transmitido la patronal del sector a las instituciones europeas, una rebaja de 100.000 millones en los colchones de capital podría traducirse en un aumento de los préstamos del entorno de los cuatro billones de euros en toda Europa.

El BCE, pese a que alerta de la debilidad en la concesión de crédito frente a otros ciclos monetarios similares, defiende evitar que la simplificación se convierta en una desregulación que pueda minar la seguridad lograda tras la crisis financiera global.