Donald Trump promete un estímulo fiscal de un billón de dólares y fuertes rebajas de impuestos. Los mercados han reaccionado con vítores: el relato económico en boga asume que esa inyección provocará inflación y crecimiento en la economía estadounidense -y puede que en la mundial-, y ha provocado que una enorme masa de dinero caliente pase del mercado de deuda a la Bolsa: sube la rentabilidad de los bonos (que estaba bajo mínimos), suben en general los tipos de interés y Wall Street y compañía dan saltos de alegría. El Banco Central Europeo (BCE) avisa de que todo eso puede ser efímero y hasta peligroso: «La economía mundial encara una vez más un periodo de incertidumbre anormal», ha asegurado en Fráncfort Vítor Constancio, que la semana pasada ya provocó un castañazo del euro al insinuar que el Eurobanco puede retirar estímulos.