Como por arte de magia, Alberto Gómez vio el pasado 1 de agosto cómo su inversión se multiplicaba. Los 30.000 euros que tenía en bitcoins crecieron un 10%. Pero más allá de la súbita fortuna de este informático, ese día ocurrió algo fundamental para aquellos que viven pendientes de la criptodivisa más famosa del mundo: la división en dos, que zanjaba un larguísimo debate que a veces ha adquirido tintes guerracivilescos en esta comunidad.

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