Ha bastado tan solo un día para que Fitch, la agencia de calificación de riesgos, saque eleve la nota al banco portugués BPI y lo saque de la calificación de bono basura. Entre medio, CaixaBank se había hecho con el 84,5% de la sociedad y había anunciado la renovación de la cúpula directiva del banco, con Pablo Fornero como nuevo director general.