El establishment económico y político alemán lleva años lanzando cargas de profundidad contra la política de dinero barato del Banco Central Europeo (BCE). A su presidente, Mario Draghi, se le ha caricaturizado en la prensa como un pirómano que se enciende los puros con billetes de los ahorradores alemanes. Incluso el ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, llegó a responsabilizar a Draghi y a sus bajos tipos de interés del ascenso del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). El Bundesbank echa ahora un capote al italiano al que en el pasado ha criticado. El banco central de la primera economía del euro estima que gracias a la actuación del BCE, el Erario público alemán se ha ahorrado en los últimos diez años 240.000 millones de euros.