Para Fernando Orte, el dinero en efectivo se ha convertido en una molestia que trata de evitar al máximo. Hace tiempo que este ingeniero de 28 años recurría a las tarjetas para la práctica totalidad de sus pagos, pero en los seis últimos meses ha descubierto la comodidad de abonar el menú del trabajo, unas cañas con los amigos o la compra en una tienda de electrodomésticos con un simple gesto que no implica siquiera abrir la cartera. Con acercar el móvil basta.