El carnaval de Cádiz: una industria que da dinero y alegrías

En la oscuridad, el público bulle en comentarios, gritos espontáneos y palmas acompasadas. El telón aún está abajo. Todo está por decir y el Gran Teatro Falla de Cádiz espera con impaciencia a la próxima agrupación que se disputa el primer premio en el concurso oficial del Carnaval. Más gritos y aplausos, el cortinaje rojo se alza: comienza el espectáculo. Coros, chirigotas, comparsas o cuartetos tienen la difícil tarea de hacer reír o llorar, de emocionar. Llevan medio año trabajando en ello y tienen algo más de 20 minutos para conseguirlo. Diseñadores, escenógrafos, maquilladores, costureros y artistas en nuevos materiales hacen reales a suegras malévolas con perros gruñones, simios vestidos de hombres o chucherías parlantes. Es la industria oculta tras la careta del Carnaval, la que crece edición tras edición y lucha por vivir todo el año de su oficio.

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