El tráfico de remesas generado por la inmigración hacia los países en desarrollo volvió a contraerse en 2016, por segundo año consecutivo. El total del dinero que envió la diáspora global a sus países de origen se redujo un 2,4% y rondó así los 429.300 millones de dólares. Es una tendencia no se veía desde hace tres décadas. América Latina es la única región del mundo que crece.