La crisis del euro se convirtió en una crisis existencial en toda regla cuando reveló las formidables dificultades de la eurozona para capear la Gran Recesión. Bruselas acaba de trazar un ambicioso plan para reformar el euro de arriba abajo: para que la próxima crisis no vuelva a provocar destrozos en el proyecto europeo. Jean-Claude Juncker, jefe de la Comisión Europea, propuso el miércoles que todos los países de la UE se adhieran al euro con rapidez, que el Mecanismo de rescate (Mede) se convierta en un Fondo Monetario Europeo con capacidad para apagar fuegos, que lo dirija un superministro de Economía que además presidiría también el Eurogrupo, y que la eurozona disponga de un presupuesto anticrisis. El Eurogrupo informal de Tallin (Estonia) ha revelado hoy las primeras reacciones políticas en las cancillerías: no tan rápido, señor Juncker.