«Se han realizado progresos considerables en el sector bancario en los últimos años. Los bancos tienen mayores niveles de capital, la regulación se ha fortalecido, la supervisión se ha reforzado y continúan los esfuerzos para adaptarse a los nuevos modelos de negocio». Así arranca la evaluación sobre el sistema bancario de la UE que realiza el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su informe sobre estabilidad financiera. Pero tras los halagos, llegan las duras advertencias: hay problemas por la baja rentabilidad en muchos países, quedan bancos débiles y un exceso de entidades. «Si no se resuelven los problemas, la combinación de bancos débiles, falta de acceso al capital y grandes cargas de morosidad impide que se culmine la recuperación y eso podría reavivar los riesgos sistémicos», advierte el organismo.