Lagarde suele hablar del tiempo en las jornadas del FMI en Washington, rara vez falla. Vaya como vaya la economía, haga sol o llueva, se adapta: ahora está luminoso, pero cuidado que vienen nubarrones; hoy llueve, pero casi amaina. Cuando ayer la directora gerente del FMI empezó a hablar, llovía, muy a pesar de que las grandes potencias están tirando del carro con brío. Las “nubes” de este año, dijo, son las tensiones comerciales, encarnadas sobre todo en una guerra latente entre EE UU y China.