La jefa del Fondo Monetario Internacional (FMI) deja claro que este nuevo activo no representa aún una amenaza para el sistema financiero, porque su penetración es muy limitada. Pero eso no obsta para que los reguladores estén vigilantes y anticipa que las instituciones financieras tradicionales tendrán que afrontar cambios en sus modelos de negocio. Será un reto incluso para los bancos centrales, que podrían toparse en el futuro con problemas para actuar como prestamistas del último recurso.