A estas alturas del procés y de la crisis política en Cataluña —que apenas ha amainado, aunque se ha evitado la inminencia de la deriva secesionista— poco aportará quien señale y lamente los costes económicos evidentes que acarrea dicha crisis. Ya se advirtieron meses atrás y después se han ido concretando con algunas estadísticas (casi todas parciales) y muchas percepciones subjetivas de malestar entre los empresarios y los inversores que se convierten en descensos de la inversión. El Barómetro de Deloitte, que este domingo publica Negocios, constituye una de esas piezas de percepción subjetiva en el empresariado que define con exactitud la situación de desconcierto e incertidumbre que provoca la crisis catalana entre los inversores. Si sólo el 64% de las empresas consultadas consideran que la economía ha mejorado en los últimos seis meses (hace medio año los optimistas eran el 81%) y hoy el 55% cree que mejorará su facturación, cuando a mediados de 2017 eran más del 68%, el problema de percepción desconfiada y pérdida de expectativas es evidente.

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