
El fondo GPIF, que maneja 1,45 billones de euros en activos, agita su cartera del Ibex y se refuerza especialmente en el banco catalán.
Japón interesa a los analistas globales por dos razones. Por un lado, su evolución demográfica y de deuda pública anticipa lo que puede ir pasando en muchos países occidentales. Por otro, Tokio tiene un mercado muy líquido donde durante la larga etapa de tipos de interés negativos, los inversores internacionales han acudido a financiarse y, a su vez, los fondos domésticos han salido fuera para generar rentabilidades que no encontraban en su país.
De ahí la atención prestada en los últimos días a noticias como la pérdida de la mayoría en el Senado por parte del actual Gobierno nipón y al acuerdo comercial alcanzado por Japón con Estados Unidos. Ambos factores pueden mover el coste de la deuda y el tipo de cambio del yen, con repercusiones a su vez para los inversores globales.
En lo que va de año 2025, el coste de los bonos japoneses a 30 años ha subido del 2,27% al 3,14%, situándose casi a la par con los de Alemania. Si esta tendencia prosigue, podría dejar de tener sentido el carry trade (financiarse en Tokio para invertir fuera) o la propia búsqueda de retornos en el exterior por los fondos nipones.
En agosto de 2024, una sorpresiva subida de tipos en Japón ya generó tensiones por el temor a una venta desordenada de las posiciones financiadas con el carry.
De momento, sin embargo, el gran fondo público de las pensiones japonesas (GPIF) mantiene su estrategia: reparte su cartera de 249.782 billones de yenes (1,45 billones de euros) en cuatro partes iguales: bonos domésticos, bonos internacionales. Bolsa local y Bolsa extranjera.
Esta institución acaba de publicar los resultados de su último ejercicio, cerrado en marzo de 2025, donde solo generó un retorno del 0,71%. Sus bonos y acciones japoneses generaron pérdidas, compensadas por la buena marcha de su cartera de renta variable extranjera, que subió un 6,62%. Esta evolución ayuda a entender porqué el fondo mantiene su exposición internacional.
Eso sí, dentro de cada porción de la tarta, GPIF no duda en mover sus fichas. En el caso de sus inversiones en el Ibex español, el fondo japonés impulsó durante el año hasta marzo su presencia en BBVA y Sabadell, en pleno proceso de opa hostil de la primera entidad sobre la segunda.
En BBVA, la gestora asiática pasó de tener 34,3 a 36,1 millones de acciones (valoradas ahora mismo en 460 millones de euros). Y en Sabadell, saltó de controla apenas 1 millón de acciones en marzo de 2024 -antes de la opa- a contar con 27,2 millones de acciones este año, que ahora valen 80 millones de euros.
Aunque no se trata de participaciones decisivas en la opa (por debajo del 1%), reflejan el deseo de los inversores internacionales de «arbitrar» la opa y aprovechar las posibles subidas de precio de la oferta, las mejoras de dividendo— o ambas cosas.
A cambio, GPIF vendió parte de sus acciones en Santander, Iberdrola, Inditex, CaixaBank y Ferrovial, manteniendo más o menos en el mismo nivel su cartera agregada española. En total, el fondo tiene unos 22.000 millones en España, la mayor parte en deuda pública.
El año pasado, la gestora japonesa (la mayor del mundo junto al fondo soberano de Noruega) también retocó sus participaciones en los 7 Magníficos de la Bolsa estadounidense, que lideran su cartera de acciones extranjeras. Entre abril de 2024 y marzo de 2025, GPIF disminuyó su número de acciones en Microsoft, Apple, Nvidia, Amazon, Meta, Alphabet y Tesla.
A cambio, aumentó su participación en la petrolera ExxonMobil en 2 millones de acciones más.
Al final del periodo, SAP era la principal apuesta europea de GPIF, con una participación valorada en casi 1.500 millones de euros.