El Gobierno brasileño se rinde ante los camioneros para poner fin a una huelga masiva

A las fábricas brasileñas de coches no les han llegado materiales, las gasolineras no han recibido combustible, las patatas han escaseado en los supermercados, el transporte público ha funcionado con restricciones, aeropuertos nacionales e internacionales han cancelado vuelos y ha existido el temor de que los bares empezasen a racionar sus cervezas. Hay, incluso, McDonald’s que se han quedado sin pan para las hamburguesas. Brasil ha estado cuatro días inmerso en la mayor huelga de camioneros que haya visto en las dos últimas décadas poniendo el frágil Gobierno de Michel Temer de rodillas, en una nación del tamaño de un continente y con las carreteras como principal vía de comunicación.

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