El aumento de las emisiones está impulsando la movilidad eléctrica a marchas forzadas y todos los fabricantes se han lanzado a liderar la carrera. Sin embargo, la hoja de ruta de la electrificación parece dirigirse más al coche eléctrico puro de baterías (EV) que al de hidrógeno, un gas que se mantiene como eterno candidato a combustible limpio del futuro. El hidrógeno presenta ventajas claras: permite repostar en minutos frente a las horas de recarga que exigen las pilas (un tiempo que además aumenta de forma proporcional a la autonomía) y no contamina (solo emite vapor de agua por el escape). Pero su viabilidad final no termina de confirmarse. Y eso a pesar de que la aplicación de la tecnología a la automoción ya está lista y hay varios modelos pioneros disponibles con alrededor de 500 kilómetros de autonomía real que incluso ya no sacrifican el espacio interior para alojar la pila de combustible. Es el caso de los Honda Clarity Fuel Cell y Toyota Mirai, a los que se acaba de unir el Hyundai Nexo, la propuesta coreana, que ha sido el último en llegar y aporta 600 kilómetros de rango efectivo. Pero los precios, a pesar de su carácter político (por debajo del coste real), siguen siendo prohibitivos, en torno a 80.000 euros en Europa, aunque los fabricantes aseguran que pueden reducirlos de forma drástica en cuanto aumente la producción en serie.