Mientras los estudiantes y los obreros convocaban en Francia una gigantesca huelga general, en 1968 en España había pequeños conflictos laborales y numerosas —aunque minoritarias— manifestaciones universitarias (saltos, asambleas y encierros). La política económica continuaba arrastrada por los efectos del Plan de Estabilización de 1959. Nuestro país vivía en el desarrollismo (crecimiento sin libertades), crecía a una tasa media anual superior al 7%, y la cifra de paro permanecía maquillada porque alrededor del 10% de la población activa había emigrado fuera de las fronteras.

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