Convirtió un pequeño pueblo pesquero de la costa valenciana en la meca del turismo de masas de sol y playa en Europa. Pedro Zaragoza, alcalde de Benidorm entre 1951 y 1967, fue un hombre inteligente, arrollador y excesivo que diseñó una ciudad preparada para la revolución del turismo de clases medias que se avecinaba en el continente europeo. Un documental recupera ahora su figura poniendo de manifiesto sus logros y también la falta de consistencia de algunas de las leyendas que él mismo alimentó.

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