La educación universitaria es la inversión más importante que un joven en Estados Unidos puede hacer mirando a su futuro profesional. Eso dice la teoría. El problema en la práctica es que la educación superior dejó hace tiempo de ser una garantía de acceso a un empleo lo suficientemente remunerado como para pagar la masa de deudas que se fueron acumulando durante toda la carrera. La deuda de los estudiantes estadounidenses, de hecho, no para de crecer y está provocando que se estén disparando los casos de impago a niveles que preocupan a la misma Reserva Federal.