El informe anual del Banco Mundial Doing Business siempre ha sido carne de polémica. Mediático e influyente, se trata de un índice que mide año tras año lo favorable que resulta el entorno de un país para hacer negocios, principalmente desde el punto de vista regulatorio, enumera de mejor a peor cerca de 200 economías y ha llegado a puntuar elementos a veces sensibles de la política nacional, como la normativa laboral. En definitiva, juzga el papel de los estados y los pone a competir entre sí. Pura dinamita. Así que las protestas de países han sido habituales desde que el trabajo se lanzó por primera vez, en 2003, ya fuera criticando su posible sesgo o su metodología, pero el conflicto desatado hace unos días con Chile ha colocado a la institución en una posición más que delicada.