El transporte de productos petrolíferos es ya una actividad peligrosa, y más aún en tiempos de crisis. Lo sabe bien la empresa cántabra Cisternas Cobo, que, pese a encabezar el negocio del transporte, fabricación y mantenimiento de camiones cisterna, quedó al borde del colapso en los peores años de la Gran Recesión. Pero la empresa se negó a morir y se inventó un vehículo fácil de llevar a cualquier parte del mundo para prestar servicio de inmediato. Y allá que se fue llevándose su tecnología y su experiencia hasta Oriente Próximo y Rusia, mercados en los que no había puesto un pie pese a que la compañía lleva un cuarto de siglo operando fuera de España.