«Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado». Dicho y hecho. La frase de Juan Ramón Jiménez, elevada a la categoría máxima en los negocios, se ha convertido en manos de cinco jóvenes en una guía para cambiarlo todo, salvo la exigencia del beneficio. Los socios de la pyme Gik Live tienen menos de 30 años, producen vino sin ningún conocimiento de enología, huyen de la sobriedad en la etiqueta en busca de la provocación y no dudan en meterle una pajita al vaso para romper el ritual del movimiento de los caldos en la copa. De hecho, apelan a una publicitaria blasfemia al cambiar «el color de la sangre de cristo»: su vino es de un eléctrico azul.