Abrir el sobre de la factura de la luz o del gas un mes cualquiera en pleno invierno y ser víctima de un pequeño sobresalto por el importe marcado en alto, bien grande, es una escena que se repite en muchos hogares cada año. Lo mismo ocurre a finales del verano, ya que en esta estación, así como en la temporada más fría, el consumo energético suele dispararse para atenuar en el interior de las viviendas las temperaturas extremas que se pueden alcanzar en algunas regiones españolas. A mayor consumo, más gasto, aunque este sea solo uno de los distintos apartados que contribuyen a inflar el recibo final. Con el único objetivo aparente de evitar a sus clientes este tipo de sustos, algunas compañías ofrecen tarifas planas de luz y gas: una cuota mensual fija da acceso a un consumo ilimitado. Pero, ¿es realmente así? ¿Compensa contratar una tarifa plana? Los expertos lo dudan.