Sabadell tuvo durante más de diez años un núcleo duro accionarial formado por destacados miembros de la burguesía catalana. Entre ellos, José Manuel Lara (Planeta), Isak Andic (Mango) y Héctor Colonques (Porcelanosa). Después de cuantiosas pérdidas en Bolsa, ese pacto se disolvió en 2018 y dejó el banco expuesto a la posibilidad de una opa de un competidor.
Josep Oliu, presidente de Sabadell, asegura en público que la mejor manera de protegerse de una operación hostil no es un núcleo duro sino presentar al mercado, trimestre a trimestre, unos resultados crecientes y una rentabilidad por dividendo generosa. Sin embargo, como buen banquero, sabe también que la protección más eficaz, superado el envite de BBVA, sería negociar una fusión (siempre amistosa) con otro banco mediano, llámese Unicaja, Abanca o Ibercaja.
Por eso tiene su relevancia que uno de los empresarios que más ha apoyado a Oliu en su defensa de la opa haya sido el promotor de centros comerciales Tomás Olivo, segundo mayor accionista de Unicaja y con 19 millones de acciones de Sabadell, más del doble que la participación del banquero catalán.
En la primavera de 2023, en plena batalla de poder entre Liberbank y Unicaja, Oliu tanteó de manera informal a destacados accionistas del banco malagueño para sondear su apoyo y analizó sobre el papel la viabilidad de una posible integración, según explican fuentes financieras. Entre ellos, contactó con el propio Tomás Olivo y con la familia Domínguez de la Maza, los dueños de Mayoral, accionistas significativos en una docena de empresas cotizadas españolas.
La cosa quedó allí. No hubo un proceso formal con bancos de inversión y no se llegó a negociar con la Fundación Unicaja, dueña del 30% del capital. Pero la operación tenía sentido industrial. Son bancos complementarios (Sabadell, centrado en empresas, y Unicaja, en particulares), con posibilidad de sinergias en servicios centrales y escasa duplicidad geográfica, solo en Asturias.
Asumiendo una prima del 20%, la misma que pagó CaixaBank por Bankia, el núcleo duro de Unicaja controlaría el banco resultante en una hipotética fusión con Sabadell. Sin embargo, Oliu tendría muy difícil convencer a la Fundación Unicaja, con mucho arraigo en Málaga y con una línea roja muy clara, no bajar del 30% de participación para no perder determinadas ventajas fiscales (el estatus de grupo consolidado).
Hoy, las reticencias a una fusión serían mayores. La entidad estuvo diez años digiriendo fusiones y desde hace dos tiene tranquilidad en el consejo, liderado por José Sevilla. Es el único banco que no ha logrado cotizar por encima de su valor en libros, pero ha limpiado mucho su balance y cada vez es más rentable.
Sería como tirar a la basura todo el potencial de mejora.
En plena opa de BBVA, para forzar que el Gobierno impidiera la fusión BBVA-Sabadell, Oliu hizo un acercamiento a Abanca. Pero se encontró con una escasa receptividad por parte del financiero venezolano Juan Carlos Escotet, el accionista mayoritario. «No nos interesa una fusión con Banco Sabadell. No llevamos adelante integraciones en las que no tenemos el control», afirmó.
El problema de fondo es que ninguna entidad está en una situación de debilidad como para avenirse a ser absorbido por Sabadell. No existe el caldo de cultivo propicio porque todos los bancos están vendiendo más fondos de inversión y seguros que nunca y los beneficios están en máximos. Pero quién sabe dentro de dos años.
Oliu tiene mucha experiencia en fusiones. Fue el banco más comprador de España tras la crisis de 2008. Durante esos años absorbió la CAM alicantina, el Guipuzcoano, el Banco Gallego, entre otros. Incluso se atrevió a adquirir un banco hipotecario inglés, el TSB, recientemente vendido a Santander.


