El mercado del consumo deportivo lleva decenios desarrollándose en España; visto en perspectiva, lleva una tendencia ascendente moderada pero sistemática. Para ser exactos, el mercado deportivo es más un conglomerado de actividades —que van desde la ropa deportiva hasta las instalaciones (gimnasios), escuelas, educación deportiva o sociedades organizadoras de eventos— que un mercado propiamente dicho. Tiene mucho que ver con el cuidado físico del cuerpo y la idea machaconamente difundida de que el ejercicio físico equivale a salud. Andar, correr o practicar senderismo está al alcance de cualquier persona, casi con independencia de su situación física; pero requiere indumentaria y protección adecuada, circunstancia que obliga a gastar dinero. Practicar ejercicios más intensos o continuados en un gimnasio exige una voluntad más sistemática y un gasto superior; y así se va escalando poco a poco en la adicción al deporte de intensidad, que en los casos patológicos se manifiesta en vigorexia. Ese es el abanico de actividades que se traduce en consumo y en negocio explotable.