La crisis sanitaria y económica del coronavirus ha puesto el remache final a la debacle económica iniciada en Cataluña tras el procés soberanista de octubre de 2017. El nuevo Gobierno que salga de las elecciones celebradas ayer tendrá la difícil tarea, común al resto de Ejecutivos autonómicos, de levantar la economía regional tras el golpe de la pandemia. Pero también el reto, esta vez único y adicional, de intentar volver a situar a la Generalitat como motor económico de España tras el sostenido sorpasso logrado por la Comunidad de Madrid, que según las estimaciones preliminares cerrará el año 2020, indudablemente marcado por la pandemia, como la principal economía del país, como ya hizo un ejercicio antes.