Decía Antonio Garamendi en una entrevista radiofónica el pasado jueves que las empresas no se iban de Cataluña porque les hiciera gracia. Garamendi, vicepresidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y presidente de la de la pequeña y mediana empresa, Cepyme, había vivido el día anterior una junta directiva alborotada precisamente por el asunto catalán y el papel de las patronales en el devenir de los acontecimientos, sobre todo por el impacto que ha tenido el abandono de grandes empresas del territorio en conflicto. Una demostración de poderío empresarial sobre el que se podía haber sacado pecho, pero que quedó ninguneado en el comunicado que no refleja todo lo que se expresó en la reunión.