Alfredo Durán estaba predestinado a ser parte de la historia del tren. Hijo y nieto de ferroviarios, nació hace 56 años a escasos metros de la vía de la estación de Pola de Lena (Asturias) mientras, en mitad de la nevada, su padre maniobraba con una máquina de vapor. Hace 25 años tuvo el privilegio de conducir el primer tren comercial de alta velocidad (AVE) entre Madrid y Sevilla. Con ese gesto, el mapa de infraestructuras, las ciudades por las que pasa, la gente a la que lleva (20,4 millones de viajeros anuales) y hasta la ingeniería española han viajado de forma irreversible hacia la modernidad.