El año que está a punto de finalizar parecía que se iba a convertir en el año de la cuarta ola de fusiones bancarias en España. Sería el ejercicio de la consolidación del mapa financiero del país. Aunque el Covid paralizó durante meses cualquier operación corporativa, tras la vuelta de vacaciones de verano, y una vez que se comprobó que la pandemia había venido para quedarse mucho más tiempo del previsto inicialmente, el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de España, apoyados por el Gobierno, optaron por impulsar la fusiones. De hecho, desde las primeras semanas de la pandemia ya había una en marcha, la de Bankia y CaixaBank.