El fuerte tirón de la industria catalana y, en especial, de las exportaciones, compensó en el último tramo del año la caída del turismo y las ventas minoristas y permitió a la economía catalana cerrar con un crecimiento del 3,4%, según el dato avanzado del Instituto de Estadística de Cataluña. La inestabilidad política no impidió finalmente que el producto interior bruto (PIB) se expandiera un 0,8%. En su informe anual, la Generalitat atribuyó la bajada del turismo —del 6,5%— a los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils del pasado mes de agosto y al “episodio de violencia policial” del referéndum del 1 de octubre, sin ninguna referencia más al procés.