Hace unos días, el tuitero en jefe exigió que el Congreso promulgase «un precioso proyecto de ley nuevo sobre la asistencia sanitaria» antes de que se suspenda la actividad parlamentaria. Pero ahora que hemos visto la última versión de la «reforma» sanitaria de Mitch McConnell, la palabra «preciosa» no es precisamente la que mejor la define. De hecho, es de una fealdad incomparable, intelectual y moralmente. Las versiones anteriores de la atención sanitaria de Trump eran terribles, pero esta es, por increíble que parezca, incluso peor.