La decisión de prohibir que los bancos europeos paguen dividendos este año es un fuerte candidato para el edicto regulatorio más vilipendiando de los últimos años. Los supervisores detuvieron los pagos en un intento de preservar el capital en medio del crecimiento de las pérdidas por préstamos y de la demanda de crédito. A los ojos de los críticos, arruinaron los argumentos para invertir en un sector ya destrozado. Sin embargo, ese alegato carece de pruebas. Los precios de las acciones pueden permanecer bajos incluso si se levantan las restricciones.