Es mediodía y el sol está en el cénit en la Sierra de Santana. En esta región semiárida del Estado brasileño de Río Grande do Norte, el calor asciende desde el suelo. No hay verde, excepto por algunos cactus que brotan sin orden. La naturaleza aquí es cruel. Pero aunque falte la lluvia, el viento sopla en abundancia. Es por eso que en poco tiempo el paisaje ha cambiado de forma radical: los habitantes de la zona han visto levantarse en poco tiempo grandes molinos como edificios de 26 pisos de altura.

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