El vaso puede estar medio lleno o medio vacío. Depende de cómo se mire. Lo saben bien muchos trabajadores por cuenta propia. Se encuentran ante este dilema cada vez que preparan una factura o se enfrentan al tan temido «trimestre». Entonces, la sonrisa que se les había esbozado al calcular lo ingresado suele desaparecer a medida que empiezan a aflorar gastos e impuestos. No hay que engañarse, el batacazo puede ser muy duro y la cifra a embolsarse más exigua de lo que se imaginaba. Por ello, la ley permite deducirse parte de esta carga; pero ojo, no todo vale. Depende de muchos factores, entre ellos el tipo de actividad o el régimen de tributación al que el profesional esté acogido. Y la interpretación de Hacienda, que en determinados casos es muy restrictiva.