España recupera con el BCE parte del peso perdido en las instituciones europeas

José Manuel Campa, actual consejero del Santander, tenía muchos números para convertirse en el sustituto de José Manuel González Páramo en la cúpula del BCE cuando el Gobierno de Mariano Rajoy llegó al poder, allá por finales de 2011. Fráncfort lo veía bien, y los ministros del Eurogrupo tenían buena opinión del antiguo secretario de Estado de Economía del Gobierno Zapatero. Pero Rajoy borró el nombre de Campa de su lista de candidatos. Y presentó a Antonio Sáiz de Vicuña, jefe de los servicios jurídicos del BCE; un abogado sin nociones de política monetaria. Ese fue el primer error grave del Ejecutivo del PP en materia de nombramientos: en 2012, Sáiz de Vicuña fue barrido por un candidato con poco caché, el luxemburgués Yves Mersch, y Madrid perdió su puesto en la cúpula del Eurobanco. Ahí empezó la carrera de España hacia la irrelevancia en Europa, un vacío desastroso en los puestos de máxima responsabilidad que el nombramiento de Luis de Guindos como próximo vicepresidente del BCE viene a paliar, al menos en parte.

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