Cuando otros países ya habían tomado medidas contundentes de rescate financiero, en España seguía aumentando la deuda privada, con la inercia de un crecimiento anterior vertiginoso. Hasta 2010, la deuda de hogares y empresas creció y alcanzó los 2,33 billones de euros, un 215,7% del PIB. En aquel momento se prodigaron análisis que sugerían que tal endeudamiento no se podría pagar nunca e, incluso, que podrían ser necesarias quitas a la deuda privada.