Romper la ligazón de las pensiones a la evolución de los precios y vincularla a la situación de las cuentas de la Seguridad Social como se hizo en 2013 resuelve muchos de los problemas de sostenibilidad financiera del sistema de pensiones. Pero tiene grandes contraindicaciones. Una de ellas es la pérdida de poder adquisitivo de los pensionistas desde el momento en que se jubilan. Para «mitigar los posibles efectos adversos», Fedea propone «blindar la pensión mínima, ligándola a la tasa de inflación». Es un “parche”, explica Ángel de la Fuente, director de Fedea, que ayuda a amortiguar las consecuencias de una reforma que no puede derogarse porque “no hay margen para volver a la indexación. Todas no podemos, pero al menos la mínima sí”.